Nota del editor.- Como veréis, la Señorita Stötter, Gitta, tenía la costumbre de escribir su apellido con diéresis en la O, mientras que su hija Ana utiliza el equivalente fonético en alemán Stoetter. Ambas se pronuncian igual.
Enseñanza recibida de Ana Stoetter García, catedrática de lengua alemana en el Instituto Cardenal Cisneros a este alumno de su madre en el Instituto Ramiro de Maeztu en el año 2026. Madre e hija siempre DOCENTES.
A su hija Ana le gusta mucho recordar la frase de su madre al citar a la señorita Stötter...
... cuando las profesoras de los Institutos, independientemente de su estado civil, eran todas SEÑORITAS !!!
... POR ANA STOETTER
GITTA, EL DIA DE SU BODA
Natural de Augsburgo (Baviera), Brigitte era una joven inquieta a la que le gustaba viajar.
Fue a Inglaterra, donde residió más de un año; después fue a París, donde estudió dos años en la Alliance Françoise y vivió en la residencia de monjas de la Avenue du Bois. Por último vino a España, residiendo primero en Barcelona y finalmente en Madrid.
Es en esta ciudad donde se casa y comienza a dar clases en el Instituto Escuela.
Cuando, reclamada por su familia, durante la guerra civil española abandonó España, coincidió en el barco que los llevaba a Francia con don Luis Ortiz Muñoz, con quien trabó amistad profesionalmente continuada en el Ramiro de Maeztu y donde ella comenzó como profesora de Alemán y continuó como profesora de Inglés.
En una España donde la enseñanza de los idiomas extranjeros solía limitarse a la gramática y un poco de traducción, ella desarrolló un método novedoso e intuitivo que fue ampliando a lo largo de los años y que permitió que muchos de sus alumnos terminaran sus estudios hablando el idioma que habían estudiado.
Durante años "la Señorita Stoetter" enseñó los intríngulis del inglés a los niños madrileños y, de paso, las reglas más básicas de la educación y comportamiento que algunos de ellos no conocían. Mantuvo siempre con sus alumnos una relación personal y, a veces, incluso maternal.
Doña Brigitte Stoetter, Gitta, como a ella le gustaba que la llamaran, terminó su vida laboral padeciendo la cruel enfermedad de Alzheimer.


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